Lo que parece una circunferencia es una onda cuyos límites continuamente se desdoblan, pero sus efectos tardan en manifestarse. En todo caso, lo aparente permite acercarse con cierta exactitud a la emoción que resurge. De igual manera, aumenta el ciclo devaluatorio de la operacionalidad de los elementos que se entienden como registrables, en la medida que el punto de fuga varía pues actúa como referencia antropomórfica. Sujetos a esas variables, los sentidos aparecen como los más confiables para ejecutar las acciones apropiadas. Pero no se puede desconocer que finalmente estamos a niveles de imaginario. Donde estos sistemas colapsan casi invariablemente es en el área de las relaciones interpersonales. Otros efectos, múltiples e inesperados, ni siquiera permiten suponer que la causalidad es un indicador utilizable como modelo. Todo momento se transforma en imaginario, expresado en los flujos del deseo.