La calle que corre kilómetros junto al mar, tiene grandes gaviones de piedra. El agua se escurre en el cuerpo y la iluminación de las avenidas produce destellos en las olas. Hay personas que resucitan con cada expresión que designa las lomas de la otra orilla, donde las veredas reflejan los altos de la sierra. Vehículos de energía inocua, transportan leña de los extramuros de los supermercados. Los barrios confluyen junto al río de los puentes de luz. La sensación de líneas transportadoras es inseparable del recorrido entre los árboles cuyas raíces se hacen aéreas hacia la base de los depósitos metálicos. Son recipientes de los criaderos de salmones que sucumbieron, en la devastación producida por la muerte por estrés de las especies, cuando sus sistemas inmunológicos bajaron de niveles críticos.