Poco a poco comienzan a aparejar velas en los edificios. Sin embargo el silencio es insistente y las notas se invierten hacia el lado de la emotividad. Aquél es parte de ésta, en la dualidad donde el cuerpo es un instrumento permanente y cotidiano de las divinidades. Nuevamente los dragones vuelan sobre el Monteblanco, de un intenso color demasiado azul.