En este paraje el músculo del corazón es de espejo y lo que parece nube, es la cresta de la montaña de un viernes vegetal. Despejado el aire, las construcciones desde su imaginario licúan los espacios enraizados en la ciudad. Los olores atraviesan los cuerpos y muestran en sus tramados linfáticos la fosforescencia de sus conexiones. Un llanto seco atrae toda la virtud de las edades.