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En la atracción del amado se debe proceder de diversas formas para aligerar la desolación. Hay que operar con total acierto una inversión. El expresar el afecto es una obligación, no para el sujeto, sino para la relación. Demandar un gesto proviene del interior mismo del discurso del deseo. Esto se debe en gran medida a un antiguo temor. En él no existen las acciones obligatorias de controladores o de análisis. Cada uno escoge y posteriormente la elección es homologada. No por azar, son actos deseados y posibles. Se trata de una habilitación, y no implica nada más que una sucesión de roces que ratifica que el otro es libre de escoger. Ciertos actos pueden desviarse hasta convertirse en un desastre. Cuando el amado se autoriza a sí mismo, pone de manifiesto que algo se ha movido en el deseo. La oposición entre cerrado y abierto evita, sin embargo, lo esencial: la responsabilidad en la relación. El punto de vista, el análisis personal, el control y goce se encuentran entrelazados. El amante habla de alguien diferente de sí mismo. Pero su posición puede no estar en la diversidad, sino en la insistencia de su pregunta, en su indignidad, en un límite reencontrado o incluso en el propio punto de interés disfrazado de pregunta. Si el amante hace de semblante del amado y no se constituye, por sus prejuicios, en un obstáculo, el deseo inconsciente del otro se acoge. El interés del amante consiste en que se opone al de identificación. Lo que queda no es un sujeto no identificado, sino un sujeto que puede ser objeto del deseo. El mismo se define como aquel que podía ser cualquier cosa para cualquier persona en la medida en que se ha despojado del otro que habitaba en él. Hacer de semblante está íntimamente vinculado con las relaciones imposibles: imponer, aceptar, analizar. En este sentido el acto de amar se opone a la acción. Está basado en un no actuar fundamental, de permanecer inmóvil cuando alrededor todo es movimiento. Hacer de amante es permanecer en su lugar, mientras el amado se desplaza. Con ello es posible su deseo y la pasión.

 

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